Ninguna persona debería tomar decisiones que están por encima de su capacidad. El riesgo es que algunas pueden haber funcionado muy bien y ascendido mientras las circunstancias favorecían sus creencias, pero de repente algún cambio produce condiciones diferentes que revelan un nivel de complejidad que no tiene el entrenamiento para manejar. No se trata sólo de saber nuevos métodos, se trata de poder entender las relaciones entre suficiente cantidad de personas, procesos, etc. para decidir que métodos serían aplicables y comprender las consecuencias. Al revés, invertir en capacidad para tomar decisiones suele ser una gran ventaja competitiva incluso muchas veces que no se nota tanto la innovación, simplemente por el talento que atrae y los resultados.
La primera regla del Club de la Complejidad es que hablamos de complejidad podría decir el protagonista de mi película. ¿Cuántas cosas que nos importan dependen de lo que piensan varias personas y que sus acciones nos jueguen a favor y no en contra, a veces personas que no se conocen entre sí? Proveedores, empleados clave, reguladores, financistas, ... A veces influyen en sus decisiones o noticias de otros países. Por supuesto la mayoría intentamos construir un mundo estable para ahorrarnos el esfuerzo que requiere tratar con tanta complejidad todos los días. Otros la convierten en su ventaja usando conexiones y tendencias que a las demás personas les resultan invisibles. Pero como mínimo es necesario dar cuenta de esa complejidad en nuestros análisis y decisiones para que incluso un cambio no nos tome por sorpresa y se vuelva inmanejable. No solo un gran cambio como 9/11 o la crisis subprime sino pequeñas cadenas de causas y consecuencias que sin embargo van cambiando costumbres masivas pero justamente por la cantidad de partes involucradas pueden pasar desapercibidas por años. La complejidad nos rodea, cada persona que trabaja con nosotros es afectada por redes diversas que influyen en lo que hace. Se dice que el diablo esta en los detalles, porque le parecen sólo detalles a las personas que no entienden las consecuencias que tendrá no dedicarles más atención, y eso si llegan a verlos. Por eso, como muchos ojos ven mejor que dos, hablar de la complejidad, preguntarse por conexiones e interrelaciones cada vez más ricas, es necesario.
Además en esta época marketing e innovación son lo mismo, todo lo demás es un costo dice provocativamente Rory Sutherland de Ogilvy. Se refiere a la capacidad para encontrar otras formas de satisfacer deseos, como una actividad sola. Es lo que, entendiendo mejor la complejidad de las relaciones humanas, cadenas de valor, etc. hacen las empresas disruptivas que vienen causando que el mercado se concentre porque el ganador se lleva todo. Algunas no solo no compiten haciendo nada parecido sino que logran instalar una nueva definición de qué buscan los clientes que deja obsoletas a muchas que ni siquiera sabían que estaban compitiendo. En ese mismo sentido, competir por atraer personas capaces se vuelve el juego más importante: son las que pueden ver las relaciones para conquistar muchos mercados y negocios, además de desarrollar más capacidad todavía.
Todavía es una época de muchas oportunidades para desarrollar capacidad como pilar de la estrategia y se consiguen rápido ventajas sobre las empresas que no lo entienden. Hacen falta personas capaces para atraer y desarrollar otras personas capaces. Por un lado el sistema educativo no solo no prepara para resolver problemas nuevos, hacerse preguntas para conseguir una comprensión exhaustiva del mundo, cuestionar la vigencia y aplicabilidad de distintos métodos y teorías, sino que mayormente forma expertos muy especializados en unos pocos conceptos y herramientas, que invirtieron tanto en tan poco que son peligrosos como quien trata todo como un clavo porque sólo tiene un martillo. Por el otro, más allá de que hayan comenzado en alguna de esas carreras, las personas capaces de manejar la complejidad ven muchas más oportunidades y no tienen por que limitarse a esos puestos que aunque sean de la economía del conocimiento a veces recortan el espacio para actuar a un rubro tan pequeño que se parecen más al de Chaplín ajustando siempre la misma tuerca en la película Tiempos Modernos. Aunque por un tiempo más algunas empresas puedan seguir manteniendo la posición que lograron gracias a barreras geográficas, de costo de entrada, o regulatorias la aceleración tecnológica las va removiendo ... y la innovación disruptiva puede llegar también y hasta más rápido a influir en la opinión pública y la política. ¿Quién no quiere jugar en esa liga pudiendo hacerlo? ¿Quién no está dispuesto a priorizar la charla con personas capaces para formarse en su carrera?
En conclusión, las empresas tienen que elegir entre apostar a la capacidad, abrir la charla sobre la complejidad como una forma de entender cada vez mejor el mundo para aprovechar esa riqueza que vemos y atraer personas para que desarrollen y contribuyan toda la capacidad que puedan innovando y ganando mucho mercado en el proceso; o espantarla con puestos, procedimientos y charlas rígidos e incentivos mal alineados con los resultados que la personas más capaces ven como un costo de oportunidad innecesario y hasta una debilidad fácil de explotar cuando trabajan para la competencia. No es el diablo ni está en los detalles, sólo son cosas importantes que por prejuicio algunos no vieron.












