Cómo aprendemos y construimos nuestra cultura

Friday, October 23, 2020

Construyendo con rituales

Lo único que sirve para organizar son los rituales. Para que la organización funcione, cada persona debe encontrar su lugar y como interactuar con las demás en un todo armonioso. Eso solamente ocurre en la práctica y va mucho más lejos que cualquier cosa que se pueda poner en palabras. Menos aun que se pueda expresar con reglas. Para aprender cualquier cosa mínimamente compleja y que hay que poder ejecutar en situaciones variadas hacen falta ejemplos y práctica deliberada, como pasa con cualquier deporte de equipo. Incluso integrado por jugadores de alto rendimiento y con mucha experiencia, un equipo necesita práctica. A esa práctica le digo rituales.

Los rituales son como legos. Con rituales pequeños se pueden construir más grandes. Partimos de los que nos da la sociedad: el saludo, la comida, ir al cine, ... de ahí en adelante nos toca construir porque la diversidad es grande. Para construir un ritual alcanza con generar un evento donde las personas se sientan seguras y pueden encontrar su lugar, y repetirlo para que sintiéndose cómodas lo usen para construir cosas más grandes. Darle la bienvenida a nuevos miembros, contar que se hizo el día anterior, repasar que ayuda necesita cada uno, mostrar el estado de las cosas en una demo, contar aprendizajes de la semana, son todos rituales fáciles de incorporar a un grupo.

Lo mejor es incorporar los rituales como aprendemos los juegos de mesa, en especial cuando somos niños. Se puede empezar con un grupo reducido y el caso más simple, más por imitación que por reglas y definiciones, dejando espacio para las variaciones que agreguen los participantes mientras no generen conflictos. El objetivo es lograr personas que adopten el ritual y le sirvan de modelo a imitar a las que todavía no lo aprendieron. Eso mismo es la clave para no forzar, se comienza con un grupo pequeño, se repite con las que se sintieron bien incorporando nuevas y dándole su tiempo a las que no ven como participar. El foco en las primeras experiencias debe ser que las personas entiendan que debe repetirse, que debe estar siempre y que no debe estar nunca, así con trazo muy grueso. Si entienden eso probablemente puedan refinarlo solas.

Por supuesto, si se construye una buena base se pueden aprender también rituales para mejorar rituales. El método es el mismo, partir de una situación donde las personas se sientan seguras y con espacio para participar agregando algo, y la forma más fácil de construir también es invitando pocas personas a probar un juego nuevo y perfeccionarlo. Aunque la mayoría conocimos juegos ya maduros y comercializados, en el desarrollo de juegos, en especial en las etapas de diseño, se recurre mucho a esa actividad invitando a los jugadores más activos a probar algunos partidos y contar como se sintieron, observando cuánto se entusiasman, cuán sueltos se sienten ... los juegos son mucho más frágiles de lo que parecen y la dificultad para manipular las fichas o contar los puntos pueden dar por tierra con las ganas de jugarlos. Los rituales de una empresa son muchísimo más complejos que cualquier juego de mesa y las personas sienten que arriesgan los ingresos que necesitan para cubrir sus necesidades básicas y la carrera en la que invirtieron años. Es necesario prestar atención a como juegan los partidos y mejorar la propuesta para que puedan dedicar toda su capacidad y atención al trabajo que valoramos y no se malgasten en juegos y rituales que generamos por descuido.

En definitiva los rituales sirven como plataforma para organizar personas, no solo para quien las dirige sino también entre ellas. Si las personas de la organización comparten un buen repertorio de rituales pueden usarlos de base para improvisar todo tipo de soluciones creativas y eficientes por iniciativa propia. A su vez, cultivar cuidadosamente cuáles son esos rituales le da a las personas que dirigen la seguridad de que la improvisación tiene la heurística y los límites que definieron. Los músicos de jazz entrenan rituales sobre como turnarse para tocar, acompañar a la persona que improvisa, y secuencias de acordes y ritmos que todos conocen, de modo que personas que se ven por primera vez pueden tocar juntas con solo decir cuales. Es muy distinto de la música académica que un compositor escribe y le encarga a un director que los músicos ejecuten tal cual la imagino, y que requiere en general varios ensayos para cada obra. Raramente se puede ejecutar una obra académica sin esos músicos, ensayos, director, y si es contemporánea el compositor explicando que quiere. Tampoco es usual que los músicos decidan por su cuenta ejecutar una de esas obras. En cambio los pequeños rituales compartidos habilitan, las personas los adoptan como formas de organizarse y ejecutar, y por supuesto, repitiendo esos pequeños rituales, se puede llegar mucho más lejos.

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