"Poder" es "poder hacer". El que no logra hacer las cosas, no tiene poder. Las puede hacer él mismo o o con ayuda de otros, aparece así un "poder mediante la influencia". Pero si en lo material no logra hacer lo que necesita, no tiene poder. Si tenia una "imagen de poder" y no logra hacer lo que necesita, la perderá en poco tiempo.
1. La "materialidad de las cosas" manda
La ausencia o la falla de "una cosita" insignificante, un adaptador, un sacacorchos, una llave, picaporte, un pasaporte puede hacer fracasar los planes más trascendentes. Una baldosa que te salpica antes de una reunion importante, una mancha inoportuna, un corte de luz... Un baño que se tapa o una maquina de café o red que fallan constantemente en una oficina ponen de mal humor a los empleados y dan sensación de desgobierno e incompetencia...
Sirve para desactivar situaciones destructivas: los detalles materiales suelen dejarse en manos de la mayoría, y por ejemplo "dejar que se escapen" muchos pequeños detalles y se conviertan en grandes problemas fue importante para desactivar el avance del nazismo. Es casi imposible distinguir el sabotaje de la negligencia, y la negligencia de la mala planificación, y la mala planificación de los límites del conocimiento humano. Sobretodo porque un mal líder es arrogante y antes de reconocer que ha fracasado por sus propios errores buscara excusas en causas superiores y remotas como "la naturaleza".
Sirve para crear situaciones constructivas: además de ocuparnos de que ningún detalle conspire contra la colaboración entre las personas, podemos acomodar las sillas, las bebidas, los pizarrones de modo que le hagan fácil empezar una charla a los que se beneficiarán trabajando juntos. Así hacen los shoppings y muchos otros edificios, que "nos conducen" del modo más grato y seguro sin necesidad de darnos instrucciones, o un mozo que te ofrece una copa de licor al final de la cena que te da ganas de irte a dormir con esa sensación dulce y alegre (y dejar libre la mesa para el próximo cliente).
2. "Es lo que dicen que tenés que hacer"
Todos hacemos lo que nos dicen porque nacemos en un mundo complejísimo, si no hiciéramos lo que nos dicen que tenemos que hacer moriríamos de niños al cruzar el primer semáforo rojo o meter los dedos en el enchufe. De adultos, aunque estudiemos mucho, sigue siendo así: ¿quién puede saber suficiente de impuestos, leyes, ingeniería y operarse del apéndice a si mismo? Preguntamos, confiamos y creemos.Sirve para desactivar situaciones destructivas: como decíamos arriba, los malos líderes no se ocupan de la materialidad de las cosas y su poder depende de que otros tengan la buena voluntad de ocuparse de que salga bien todo lo que necesitan para sostenerse. Pero además, un fracaso pequeño, en algo simple, echa por tierra la imagen de poder y la confianza (o el miedo) que generaba ese líder o esas reglas y hasta los puede convertir en motivo de ridículo. Por supuesto, como en el juego del "teléfono descompuesto" siempre se distorsionan las ordenes o "se cuelan" ordenes erroneas a medida que viajan de estos "líderes" malos. Peor todavía, las relaciones autoritarias impiden que circule la información porque lo viven como un cuestionamiento de la autoridad y cuando se enteran que haciendo todo "lo que dicen que tenés que hacer" las cosas van mal suele ser demasiado tarde.
Sirve para crear situaciones constructivas: poniendo en primer plano la información que nos aportan y la importancia de las acciones que toman los que tratan con "la materialidad de las cosas", los detalles: la empleada que llegó temprano y abrió la puerta, el que nos muestra que pusimos la máquina de café en un lugar incómodo y de ahí para arriba. Proponiendo acuerdos claros sobre lo que no nos tiene que pasar (ej. nadie debe tener un accidente) y lo que necesitamos conseguir (ej. más clientes nos tienen que pedir y querer pagar más) y mostrando con imágenes como lograrlo, de modo que cualquiera pueda "meter la pelota en el arco" y "hacer un gol para todo el equipo" si la situación se presta.
3. "¿Qué sentido tiene eso?"
Una vez que se nos instala la idea de que vamos a vivir muchos años nos preocupa ese futuro e inevitablemente organizamos nuestra vida apostando a conseguir cosas complejas y lejanas que esperamos nos den felicidad o al menos seguridad por mucho tiempo. Ponemos permanentemente en la balanza lo que sentimos físicamente ahora con los beneficios que imaginamos en ese futuro, y así salimos a correr aunque el sillón era muy cómodo, o dejamos pasar ese postre para disfrutar el resto de la velada sin sentirnos pesados. Pero también a veces nos vamos contracturados de la oficina o descuidamos relaciones afectivas importantes o hasta la salud apostando a garantizarnos un futuro mejor con "un esfuercito más" que se viene estirando demasiado en el tiempo. No tiene remedio, el problema es que no podemos adivinar el futuro, así que calculamos la apuesta como podemos.
¡Las palabras también son reglas! Son como "moldecitos" que inventamos desde nuestros deseos y esperamos llenar con la materialidad del mundo. El más obvio es un "moldecito" que llamamos "amor" y que muy difícilmente sabríamos explicar con que se llena, cuando sentimos que encontramos con que llenarlo nos sorprendemos con muchas cosas "buenas" y "malas" que no esperabamos. Pero pasa hasta con las más simples, ej. cuando elegimos un bombón de la caja y justo no era rico. No tiene remedio, pero al menos nos sirvió para inventar internet, llegar a la luna y extender la expectativa de vida de 30 a casi 90 años.
Sirve para desactivar situaciones destructivas: "técnicamente" una situación destructiva es un moldecito mal llenado, casi todos participan con buenas intenciones pero lo que sale no es lo que deseaban. Los malos líderes pueden aprovechar esa dificultad para "colar" en los moldecitos de otras personas imágenes y acciones que los lleven a servirlos incluso en contra de sus propios intereses. En casos extremos, hay gente que muere defendiendo "sus colores" (su equipo, su banda de musica, su forma de vestir) sin notar que esta defendiendo la exclusividad para vender drogas o robar en una zona de su "lider". Pero nadie tiene la exclusiva de conectar las imágenes y los sentidos, en especial para los moldecitos de más largo alcance y siempre podemos "colar" imágenes que hasta parecen alineadas con la situación actual y sin embargo llevan a resultados mejores. Un ejemplo grosero son las modelos o deportistas que luego de dejar que el sistema los convierta en el ícono de lo deseable, proponen cambiar el sistema con todo el poder que les da estar ahí, ej. los que fueron campeones muchos años, denuncian que fue por dopping e inician una campaña en contra. También es lo que pasa en esas fábulas donde alguien le vende su alma al diablo a cambio de algunos deseos, que el diablo cumple "al pie de la letra" pero totalmente en contra del que los pedía. Podemos ser "diablos buenos" y "cumplir mal" los deseos destructivos.
Sirve para crear situaciones constructivas: hay que poner bien a la vista que el sentido cambia, que lo sano es conseguir o inventar a cada paso los moldecitos que nos mantienen vivos y contentos con la materialidad que encontramos, y no al revés: fracasar en lo material por defender unos moldecitos que nos están haciendo mal. Mantener espacios y momentos seguros para "probar" sensaciones y moldecitos, un espacio "artístico" donde nadie saldrá lastimado ni será juzgado si la descripción que intenta no es agradable siempre es una buena idea. Muchas empresas y equipos lo hacen, sea tomando unas cervezas casuales el viernes a la tarde, sea jugando (sin grandes expectativas) al fútbol, etc. Al final estamos todos en una búsqueda permanente de algo que no sabemos que es, entender más o menos que se imaginan los que están alrededor nuestro nos ayuda a no estorbarlos y hasta ayudarnos mutuamente, además de entender mejor que buscamos nosotros mismos.
4. ¡Sin eso me muero!
Para bien y para mal, cuando nuestro cuerpo nos dice que estamos en peligro inminente, nos dejamos de sutilezas y sólo reaccionamos físicamente. Saltamos para esquivar un auto que viene hacia nosotros y nos salvamos de que nos atropelle. Pero también nos sube la presión, nos contracturamos y no podemos dormir hasta que el banco nos devuelve el dinero que nos quitó injustamente aunque ahí no hay nada físico para hacer. La cuestión es que nuestra capacidad para revisar el sentido, las reglas y la materialidad queda muy reducida: lo que quedó hasta acá será lo que usaremos.
Sirve para desactivar situaciones destructivas: los peores "líderes" suelen no sólo causar sino promover la desesperación y el miedo para asegurar que nadie tiene ni tiempo de cuestionar el orden que establecieron. Pero incluso en la peor desesperación, si dirigimos la atención a las cuestiones más vitales, la seguridad material del cuerpo, comer, dormir eso nos puede ayudar a abandonar la situación destructiva para intentar armar algo mejor partiendo desde la materialidad. Un ejemplo extremo es la gente que salta de un edificio para escapar de un incendio y ver si tiene más suerte afuera (y por suerte muchas veces se salva). Otro ejemplo es alguien que abandona antes de que su intento por llegar a la cima del Everest o ganar un Nobel le cause un daño irreparable y en su "caída" pone en el centro de su atención las comidas que le gustan, la gente que lo hace reir o lo reconforta... Repasando los métodos anteriores, además, el pésimo líder que intenta aumentar su control instalando el pánico se entrega a la vez a todas las decisiones "erróneas" que causa el miedo. A la larga, las situaciones sostenidas por el miedo también caen porque el stress agota y acalambra.
Sirve para crear situaciones constructivas: del mismo modo, poder reconocer los miedos para prevenirlos y sentirse seguro es fundamental para pasar a otra cosa. Mejor todavía si sentimos que los que están alrededor nos entienden y nos están cuidando. De por si, eso solo alcanza para hacer los grupos más fértiles y unidos y para muchos es "el sentido de la vida". Si creamos un espacio donde se pueda conversar de eso podemos lograr que se mantenga actualizado y aprovechar la empatía para establecer colaboraciones enriquecedoras con otros (o al menos evitar conflictos). Pero además la empatía es el cimiento imprescindible para invitar a los demás a una situación constructiva y que dure.
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